Cómo afecta el uso de calzado inadecuado a la pisada y al retorno venoso en pacientes con lipedema
Elegir zapatos puede parecer una cuestión secundaria cuando se convive con lipedema, pero el calzado influye directamente en nuestra manera de caminar. Si además existen dolor, pesadez en las piernas, alteraciones de la pisada o dificultades de movilidad, utilizar un zapato poco adecuado puede hacer que caminar resulte todavía más incómodo.
Esto no significa que un determinado tipo de calzado pueda tratar el lipedema. Sin embargo, elegir zapatos cómodos y adaptados puede facilitar una marcha más natural, reducir puntos de presión y favorecer que mantengamos una vida activa.
Lipedema, pisada y cambios en la forma de caminar
El lipedema es una enfermedad crónica caracterizada por una acumulación desproporcionada de tejido adiposo subcutáneo que aparece generalmente de forma bilateral y simétrica. Puede acompañarse de dolor, pesadez, sensibilidad del tejido y facilidad para desarrollar hematomas.
Cuando el volumen de las extremidades aumenta, también pueden producirse cambios biomecánicos.
En estadios más avanzados puede existir una pérdida de movilidad y funcionalidad. El material clínico sobre los tipos de lipedema describe además que algunas personas pueden presentar las rodillas en valgo —con tendencia a dirigirse hacia dentro— y modificaciones de la posición de los pies durante la marcha.
Si caminar ya requiere ciertas adaptaciones, utilizar un calzado incómodo, inestable o excesivamente rígido puede aumentar las dificultades.
¿Qué tiene que ver el calzado con el retorno venoso?
Cuando caminamos, la musculatura de la pantorrilla participa en el retorno de la sangre venosa desde las extremidades inferiores. El movimiento del tobillo y el apoyo del pie forman parte de esta dinámica.
Por eso, un calzado que dificulta la marcha o produce dolor puede tener una consecuencia indirecta: hacer que caminemos menos o que movamos el tobillo de una manera menos natural.
No significa que exista un zapato capaz de “activar la circulación” o tratar el lipedema. La utilidad del calzado está fundamentalmente en permitir que podamos movernos de manera cómoda y segura.
Zapatos estrechos y tacones: ¿pueden aumentar las molestias?
Aunque el lipedema habitualmente respeta los pies, especialmente cuando no existe un componente linfático asociado, un zapato demasiado estrecho puede producir presión, rozaduras o dolor.
También debemos prestar atención al tobillo. Cierres muy rígidos o excesivamente ajustados pueden resultar incómodos cuando existe sensibilidad en la zona inferior de las piernas.
Los tacones altos, por su parte, modifican la posición del pie y la distribución de las cargas durante la marcha. No significa que estén completamente prohibidos, pero si existe dolor, pesadez o inestabilidad puede ser más cómodo reservarlos para momentos puntuales.
En el día a día suele resultar más práctico un calzado estable que permita caminar con seguridad.
Consejos prácticos para elegir zapatos si tienes lipedema
No existe un “zapato para el lipedema”, pero sí podemos aplicar algunos criterios sencillos al elegirlo:
- Pruébate los zapatos al final del día. Si tus piernas o pies tienden a sentirse más cargados con el paso de las horas, probarlos por la tarde puede darte una idea más realista de cómo se sentirán después de varias horas de uso.
- Busca espacio suficiente para los dedos. Los dedos deberían poder moverse sin quedar comprimidos. Una puntera excesivamente estrecha puede modificar el apoyo y provocar roces.
- Comprueba la sujeción del talón. El zapato debe acompañar al pie sin que el talón se desplace constantemente al caminar. Esto aporta estabilidad sin necesidad de apretar excesivamente.
- Evita cierres que presionen demasiado. Cordones, hebillas o tiras deberían poder regularse. Si dejan marcas profundas o generan dolor, probablemente existe demasiada presión.
- Camina antes de decidir. No basta con comprobar cómo queda el zapato estando sentada. Camina varios minutos y observa si aparece presión en los dedos, inestabilidad o molestias en tobillos y rodillas.
- Prioriza una suela estable y confortable. No tiene que ser necesariamente muy gruesa ni extremadamente blanda. Lo importante es que permita una pisada cómoda y segura.
- Ten en cuenta el peso. Un zapato muy pesado puede aumentar la sensación de esfuerzo cuando ya existe pesadez en las piernas.
- Si utilizas medias de compresión, llévalas al probarte el calzado. El espacio disponible puede cambiar con determinadas prendas. Elegir el zapato utilizando las mismas medias que llevarás habitualmente evita descubrir después que resulta demasiado ajustado.
Un consejo adicional es no confiar demasiado en la idea de que “ya cederán”. Si unos zapatos provocan dolor desde el primer momento, especialmente en una persona con sensibilidad aumentada, probablemente no sean la opción más adecuada.
¿Necesito plantillas por tener lipedema?
No necesariamente.
Tener lipedema no significa que haya que utilizar automáticamente plantillas o calzado ortopédico. La necesidad dependerá de la pisada, la movilidad, la presencia de dolor y las características individuales.
Si existe dolor frecuente en pies, tobillos, rodillas, caderas o zona lumbar, o notas que desgastas el calzado de una forma muy irregular, puede resultar útil realizar una valoración biomecánica.
El objetivo no debería ser corregir cada pequeña diferencia de la pisada, sino identificar si existe alguna alteración que esté contribuyendo a las molestias.
Calzado y prendas de compresión
La compresión puede formar parte del tratamiento conservador del lipedema y utilizarse para ayudar a manejar determinados síntomas según las necesidades de cada persona.
Cuando la prenda llega hasta el pie, el calzado debe permitir suficiente espacio para utilizarla cómodamente.
Una buena prueba consiste en ponerse las medias habituales, calzarse y caminar. Si aparecen dedos comprimidos, hormigueo, dolor o zonas de presión, puede ser necesario probar otra talla o un modelo diferente.
El objetivo es que el calzado te permita moverte
Una de las consecuencias más importantes de utilizar zapatos incómodos es sencilla: terminamos caminando menos.
El movimiento y la actividad física adaptada forman parte del manejo conservador del lipedema y pueden contribuir a mantener la movilidad y mejorar la funcionalidad en las actividades cotidianas.
Por eso, más que buscar un zapato “especial para lipedema”, interesa encontrar uno que se adapte a nuestro cuerpo y a nuestra actividad.
Si tienes lipedema, sospechas que puedes padecerlo o conoces a alguien que presenta síntomas compatibles, en FisioClinics podemos ayudarte a valorar aspectos como la movilidad, la pisada y otros factores físicos que pueden estar relacionados con las molestias de las piernas.