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Lipedema: cuando el desconocimiento médico agrava una enfermedad ya dolorosa

El lipedema sigue siendo una de las patologías más invisibilizadas dentro del ámbito médico, a pesar de su alta prevalencia en mujeres. No solo causa dolor físico, inflamación y pérdida de movilidad, sino que además se enfrenta a una barrera aún más difícil de superar: la falta de diagnóstico adecuado.

Un artículo recientemente publicado por Medscape, medio de referencia internacional en medicina, destaca un problema urgente: la confusión persistente entre lipedema, linfedema y obesidad está llevando a miles de mujeres a recibir tratamientos ineficaces o directamente equivocados.

Un error de base: cuando se confunde lo que se ve con lo que realmente ocurre

Según el reportaje, muchas mujeres con lipedema pasan años escuchando que lo suyo “es obesidad”, “retención de líquidos” o “falta de ejercicio”. Pocas veces se investiga a fondo la causa del acúmulo graso doloroso que presentan, especialmente en piernas y brazos.

Esta visión reduccionista lleva a:

  • Recomendaciones dietéticas estrictas que no surten efecto sobre la grasa lipedematosa.
  • Derivaciones incorrectas a unidades de tratamiento de linfedema.
  • Desmotivación y frustración profunda, ya que ninguna de estas vías mejora el problema de raíz.

El resultado: mujeres que ven cómo su enfermedad avanza sin respuesta mientras cargan con la culpa y el juicio social.

Lo que el médico debería saber (y no siempre sabe)

El artículo de Medscape pone el foco en una realidad incómoda: los profesionales de la salud no siempre están formados para identificar el lipedema, y cuando lo hacen, muchas veces es tarde.

El lipedema tiene signos clínicos muy claros, como:

  • Acúmulo simétrico de grasa en piernas o brazos, respetando pies y manos.
  • Dolor espontáneo o al tacto, incluso sin inflamación visible.
  • Aparición tras cambios hormonales, como la pubertad, embarazo o menopausia.
  • Hematomas frecuentes, piel fría y dificultad para bajar de peso en zonas afectadas.

Pese a ello, muchos profesionales siguen centrando la evaluación en el índice de masa corporal (IMC) o en aspectos estéticos, lo cual borra por completo la complejidad médica del lipedema.

Las consecuencias del retraso diagnóstico

No recibir un diagnóstico correcto tiene implicaciones más allá del tratamiento físico:

  • Deterioro emocional: ansiedad, baja autoestima, sensación de no ser escuchada ni creída.
  • Progresión de la enfermedad: el lipedema puede evolucionar hasta convertirse en lipolinfedema, una combinación con daño linfático que afecta también los pies y provoca edemas severos.
  • Costes elevados: al no estar reconocido en muchos sistemas de salud, los tratamientos —como drenajes, medias de compresión o cirugía— deben pagarse de forma privada.

Además, esta falta de diagnóstico impide acceder a intervenciones efectivas como la liposucción especializada (técnica WAL), que ha demostrado ser el único método capaz de eliminar la grasa lipedematosa con seguridad.

¿Cómo romper el ciclo?

El primer paso es reconocer que el lipedema es una enfermedad real, progresiva y con una base fisiológica concreta, no una cuestión estética o de malos hábitos. De ahí la urgencia de que:

  • Los profesionales de atención primaria estén formados en diagnóstico diferencial.
  • Se elaboren guías clínicas claras que incluyan al lipedema.
  • Se amplíe el acceso a tratamientos mediante cobertura sanitaria.
  • Se fomente la investigación y la concienciación social.

En FisioClinics, conocemos las dificultades que atraviesan las mujeres con lipedema y trabajamos desde el conocimiento, la empatía y la especialización. Nuestro equipo ofrece un abordaje integral que comienza por el diagnóstico preciso y continúa con fisioterapia, nutrición y acompañamiento emocional, así como orientación en tratamientos quirúrgicos cuando sean necesarios.

Diciembre 25, 2025

Diciembre 25, 2025

Albi